JUVENTUD

Por una semana, Madrid se va a convertir en la capital mundial de la JUVENTUD. Seguramente, durante estos días, sea el lugar con el mayor índice de población joven del mundo. Y es que miles de personas de entre 12 y 18 años procedentes de distintos países han sido acogidos aquí para celebrar las Jornadas Mundiales de la Juventud 2011.

Se trata de un evento donde el PAPA aclama la famosa oración de “dejad que los niños se acerquen a mí”. Es un conjunto de actos sobre la palabra de Dios y como la Iglesia intenta dirigir a los más jóvenes por “el buen camino” mediante misas, convivencias, catequismos…

Se podría resumir como una macro-eucaristía dirigida a los jóvenes y a todo el mundo que cree en los principios de la Iglesia católica. Siendo así, nadie duda de que se trata de un acontecimiento muy importante, pero hay quien se pregunta si todo esto justifica el hecho de parar el ritmo de una gran ciudad como va a pasar en el caso de Madrid.

En pocos eventos y por tantos días seguidos especialmente, Madrid cierra el centro al tráfico y hospeda a tanto turísta de la manera tan generosa como lo ha hecho con estos peregrinos de la JUVENTUD. Y es que además de cortar el tráfico de las principales carreteras de la ciudad (posiblemente por la excusa de que los niños corran por las calles a sus anchas sin el peligro de que les atropelle un coche), cuentan con jugosos descuentos subvencionados por Dios sabe quién para que coman, beban y se lo pasen en grande casi de manera gratuita. Además, para que esta JUVENTUD se pueda mover aún más a sus anchas están exentos de pagar en autobuses y metros.

Realmente sorprende tanta generosidad en un momento en que la economía está tan débil y cuando, a la vez, se han subido tarifas como la de los billetes de transporte público a 50 céntimos para el resto de ciudadanos de a pie, por poner un ejemplo. Y es que además, tampoco se trata de un evento abierto en el que todo el mundo pueda participar de la misma manera. Así, quien quiera ver “de cerca” al PAPA ha tenido que pagar unos 200 euros y la Gran Misa tendrá capacidad limitad, como si de un gran festival de música se tratara.

Se trata pues de una semana contradictoria, con la que la Iglesia quiere concienciar a la JUVENTUD para que se preocupe de los más desfavoricidos, obedezcan a sus padres, ayuden a sus mayores, sean buenos… pero desde una organización totalmente empresarial movida por el dinero, clasista, desproporcionada e injusta para muchos.

En fín, esperamos qué Dios nos pillé confesaos para que los peregrinos puedan disfrutar a sus anchas y al resto que les dejen vivir en paz.

 

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