ESCAYOLA (por Juan Rosell Cañizares)

Dicen ser aquellos yesos usados para inmovilizar una zona del cuerpo dañada con el fin de descansarla y sanarla. LLama la atención que algo tan aparatoso sea tan común, hasta tal punto, que los niños lo ven como algo divertido sobre lo que pintar y firmar a sus amigos. Sin embargo, la realidad es muy distinta. Para alguien acostumbrado a realizar actividades deportivas o esfuerzos físicos diariamente supone un cambio radical en su rutina, el cual puede llegar a afectar su estado anímico. Todo lo habitual es un reto: levantarse, sentarse (en el caso de que el yeso este situado en la parte inferior), escribir, vestirse, calzarse, andar o ducharse. La ESCAYOLA convierte tu vida en una auténtica odisea.

Por otro lado, supone un cambio físico extraño y en el que la discrepción destaca por su ausencia. Por ejemplo, para alguien con ESCAYOLA en la parte inferior supone una rápida e impactante pérdida de la masa muscular obtenida en la zona dañada anteriormente, pero a la vez supone otro rápido y exigente beneficio en la parte superior debido al incremento de su uso para poder desplazarse o realizar sus actividades cotidianas.

Se trata de un cambio tan destacado, que los afectados acaban acostumbrándose a esta nueva vida y, llegado el día de volver a la anterior, se sienten extraños y con casi la misma dificultad para volver a la normalidad anterior a la ESCAYOLA. Por lo que, a parte del sanamiento físico que tiene como principal fin, los afectados se convierten en personas con mayor capacidad de adaptación y capacidad para resolver situaciones difíciles.

Será que, después de todo, no es algo tan desafortunado.